Orión
Tus moléculas
positivas fueron
magnéticamente
irresistibles, a
las mías
negativas.
Por fuera e
internamente somos tan
similares. Mas he
encontrado algunas
mínimas
diferencias entre ambos.
Es increíble como
lograste
descifrar cada
espacio milimétrico
de mi ser. Como
un acertijo, al cual
parecías
perfectamente conocer.
Aun no comprendo cómo lograste,
en tan poco
tiempo, volverte
parte de mí.
Aun no comprendo el
por que
me sentí como en
casa, desde
la primera vez al
estar entre
tus brazos.
Me es más
completamente
incomprensible,
como es
que se haya
creado esta química;
irresistiblemente letal; entre ambos.
Sos
irresistiblemente letal para mí.
Magnética y
químicamente irresistible. Tan
hermosamente
letal, como un delicioso néctar, que
me haría llegar
al cielo o al infierno al mismo tiempo.
En más de una
ocasión, ya he muerto en tus brazos. Y vuelto
a nacer, con
tanta energía. Me hiciste resurgir de
mis
cenizas más de
una vez, y así me volviste a encender. Empujándome
a arder de una
forma, tan novedosa y única para mí.
Inconscientemente
te nombre Orión. En mi
nació este nombre
para ti, al descubrirte esa constelación
lunariega que posees. Mas he llegado a darme
cuenta, que estaba
en lo cierto.
Eres la puerta
del cielo…
Eres el cielo…
Eres el basto y
misterioso cielo, que
deseo descubrir.
Hasta aprenderme
y reconocerme
todas tus constelaciones. Tan únicas
y llenas de maravillas
por develar.
Como al cielo que
eres, podría estar contemplándote
horas. Admirándote
en tus días soleados y nublados.
Admirándote como
la maravillosa y mágica obra de arte que eres.
Admirándote, más
que nada, porque me enseñas de cada saber que posees.
Orión, mi querido
Orión.
Iluminas, solo
con tu presencia, todo
lugar al que
arribas. Iluminas, con tu saber
al que te escuche
y desee aprender.
Mi querido Orión iluminas.
Orión iluminas,
aunque así no lo veas.
Aunque los demás y tu mismo no lo perciban.
Posees una luz
cálida tan llena de vida, tan llena de tu
única y maravillosa
personalidad.
Esa luz siempre
me guiara, por más que no estés
presente. Se nos
vincula un lazo mucho más fuerte, que
lo tangible y lo
físico. Se, además, este lazo es de una
cuestión más bien
álmica. De esas cuestiones que la razón desconoce.
De esas
cuestiones que la razón desconoce, el alma
tan bien las
comprende. Y solo suceden una vez en la vida.
Y cuando suceden,
es increíble cómo nos marcan y nos transforman.
Dejándonos el
alma más llena. Mas iluminada.
Orión, mi querido
Orión. Tu luz ahora
ha impregnado su esencia
en la mía. Y sé, que
siempre
formaremos parte el uno como del otro. Sé muy bien
eres mi compañero
en este trayecto del camino. Mas no así, mi destino.
No me entristece
este hecho, no lo hace. Por que
has venido a enseñarme. Y ya has cumplido
tu
cometido. Por esto te libero,
y deseo lo mejor
para vos y tu destino.

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